La historia del posicionamiento por satélite se remonta al momento en el que el primer satélite fue puesto en órbita. Saliendo al espacio exterior en 1957, el Sputnik 1 fue el primer satélite artificial que la humanidad puso en el cielo. Cuando vas a mandar algo tan lejos que nada ni nadie puede seguirlo, más te vale saber muy bien cómo rastrear ese objeto si no quieres perderle para siempre, y es por eso que la antigua Unión Soviética ideó un método con el que pudo apañárselas muy bien basándose en el efecto Doppler.
Pronto científicos de todo el mundo comenzaron a idear maneras en las que aprovechar el mismo principio a la inversa. No sería el gobierno soviético, sino los Estados Unidos quienes sacarían provecho a esta tecnología, y ya para 1967 tenían un sistema completamente operativo al que llamaron TRANSIT, con el que podían ubicar exactamente dónde se encontraban los receptores gracias al uso de satélites.
Durante el par de décadas siguientes las diferentes agencias de defensa de los Estados Unidos unieron fuerzas para perfeccionar sus tecnologías de posicionamiento por satélite, y gracias al uso de relojes nucleares con precisión extrema y otros muchos avances lograron crear un sistema más prolijo y flexible que terminó de estar listo para mediados de la década de los 90.
Fuente: Hipertextual
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